Esencialmente ausente.

sssssss

Piensa en todas las personas que has conocido este último año. Las risas, los llantos, las vivencias, los amaneceres, las lunas llenas, los vasos vacíos… parece que fue ayer, ¿verdad? Pero, dime una cosa: ¿de qué os reíais? ¿Por qué discutíais? ¿Recuerdas vuestras conversaciones? ¿Vuestras confesiones? Seguramente no tengas nada más que anécdotas. Sin embargo, ¿recuerdas la sensación que te dejaron?

Ni tú ni nadie es capaz de recordar todas las cosas que hayáis vivido juntos. Tus palabras, acciones y consejos son ahora un rincón de la memoria de alguien que pasó por tu vida. Al final, el tiempo y el olvido nos convierten a todos en un recuerdo, un concepto, una idea. Ten clara una cosa: tú escoges lo que haces, pero lo que eres viene de serie. Así que trabaja tu presencia, que tu ausencia la valorarán otros.

No quieras que piensen en ti, sino para ti. Si lo consigues, alguien te hará saber lo importante que eres para su ser, estar y parecer. Vuélvete relevante y serás capaz de plantear preguntas a quién necesite repuestas. Demuestra que un sí y un no son mejores en compañía. Forma parte del día a día de alguien más. Replantead vuestros sueños y que dejen de ser exclusivos del horario nocturno. Vuélvete esencialmente ausente y noche tras noche te recordarán con la curiosidad dibujada en sus sonrisas. En definitiva, trasciende, sé algo más que tú y el resto y hazte esencial para alguien, quien sea, y sed feliz. Sí, en singular, sed feliz, tú y el otro, la parte por el todo.

Aceptemos que no somos hojas en blanco que escribimos nosotros mismos. Las personas pertenecemos a quienes nos han habitado. Por nosotros han pasado todo tipo de visitantes, y todos se han ido dejando algo a su paso. A algunos les habrán gustado las vistas y se habrán quedado a pasar la noche. Otros, turistas emocionales, disfrutaron de nuestras luces y sombras y, después de arrasar con todo, se marcharon cerrando las puertas a su paso. Unos pocos, los que han querido o han sabido, habrán cruzado el pasillo hasta la última habitación, donde la luz es natural y la temperatura es más agradable. Son estos, y no otros, los que supieron gestionar su marcha y se volvieron esencialmente ausentes.

Recuerda que al final no somos más que un concepto, así que vive de forma que si no existieras, habría que inventarte.


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