Aún no te conozco pero ya te sé.

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Hoy no me da la gana de tener secretos. Tan solo me quedan dos sentimientos: cautela y devoción; y de uno a otro me muevo. Ya me he cansado de que los muñecos rotos jueguen conmigo. Me he vuelto un experto en coser retales. Quizás está furiosa entrega a tu no-existencia sea una extraña venganza hacia no se qué. O hacia no sé quién. Pero qué importa eso ahora, he venido a hablar de ti.


Aún no te conozco pero te sé. Creo que la palabra diferente se queda corta cuando te pienso. Te imagino ausente, viviendo una vida que te queda como ajena; una especie de mente atrapada en un cuerpo que te pilla de paso, una mente que algunos pocos han creído entender. Algo en ti, no sé el qué, me dice que no estás aquí, con el resto. Que orbitas en otra elipsis, seguramente más ancha y tal vez alrededor de la Luna. Quizás por eso nuestras órbitas todavía no han coincidido.

Así de injusta eres tú. O así creo que lo eres. Aparece. Por favor. Sé que existes. Conviérteme en constante espectador, eterno expectante de no sé qué principio.

Si cierro los ojos soy capaz de dibujarte frente a alguien que no soy yo, y puedo advertir en ti la mirada perdida de quien no quiere escuchar a quien tiene delante, a ese alguien que se asoma a tus ojos y que cuando cree haber llegado resulta que tú ya no estás. Te imagino tan fuerte que casi puedo tocarte, pero es como si no acabaras de llegar que ya te has ido.

Y mientras espero a que llegues puntual a nuestra primera cita, aquí me tienes, con el billete de ida eternamente en los bolsillos. Dime que no te asusta saber qué hay al otro lado del horizonte, que qué más da si la estación es de salida o de llegada, si es destino, fin o final, si es el viaje lo que realmente importa. Dímelo y cojo el primer cohete a Marte.

Ojalá pudiera quererte, pero me limito a imaginarte. No me puedo permitir que la máquina deje de funcionar. No puedo perder la fe. Me gustaría creer que tú también caminas para encontrarme, aunque no me busques ni sepas de mí. Sé que no debo seguir imaginándote, pero también sé que debo seguir haciéndolo. Y ambas opciones son por mi bien. E ahí lo paradójico.

Aprovecho ahora que nadie mira para decirte algo: estoy harto de aquellas personas que se limitan a esperar que el amor les llame a la puerta, creyentes fieles del ya vendrá. No, amigo, no va a venir. Y menos si te quedas mirando por la rendija y no le abres. Esto no es una película; tampoco un libro. Si tú no abres la puerta nunca sabrás qué pudiera haber sido de ti. De vosotros.

¿No te causa impotencia tanto estancamiento? ¿Tanta inseguridad en ti misma? ¿Tan poco te consideras? Tienes miedo, vives pretendiendo estar segura de algo, no sé de qué, y cuando las cartas vienen mal dadas eres el primero en criticar al croupier.

Mira. Te lo digo directamente, dejémonos de sutilidades. Sé que existes, que alguna vez hemos coincidido, que nuestras conversaciones se han cruzado y que tú te has planteado qué diablos me pasa por la cabeza para hablarte así, sea donde sea y a cualquier hora. Yo tampoco lo sé. Es mi puta forma de ser. Pero lo reconozco: somos pánico. Somos pánico los dos. Tú y yo. Pero yo al menos puedo conjugar todos los tiempos del verbo intentar y tú tan siquiera sabes que existe el condicional

Lo siento, no puedo hacerte salir de mí así como así. Eres la resta de un todo aún por sumar. Una parte de mí quiere que te quedes a existir, la otra que te sople al tiempo. Hagamos una cosa: invéntame tú a mí, hazme irreal en tu cabeza. Y cuando lo hagas, cierra por dentro y me haces hueco al fondo, que yo me quedo ahí.

Quién sabe si algún día nuestras mentiras coincidan y tu soledad acompañe a la mía.

 

Podría pasarme la noche (d)escribiéndote. Contándote. Creándote. Vivimos en un mundo de imágenes pero sin imaginación. La vida, ya de por sí una experiencia repetitiva, puede resultar peso pesado si se vive 2 de cada 7 días. No te pido tus 24 horas. No te pido los 365 días. Te pido tiempo para crecer, viento para volar y aliento para aguantar. Te pido lo que tú me pedirías a mí: verdad. Confianza. Te pido así, directo al alma. No sé qué más quieres que te diga, que nos haga, que les cuente. 

Dime, Ideal, dime dónde estás, porque sé que existes. 

O mejor, dime dónde no estás para empezar a buscarte en otro sitio.


 

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6 Comentarios Agrega el tuyo

  1. NITA dice:

    Guau….
    A menudo leemos textos que querríamos que alguien nos dedicara o escribiera para nosotros y éste es uno de ellos. Gracias!

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    1. Gracias a ti, Nita, por tus palabras. Este es uno de esos textos que a veces pienso que ojalá no tuviera que escribir… pero esto va de valientes! Y eso es lo que somos 🙂

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  2. Inma Brisson dice:

    Realidad… fantasía…
    Pensar… sentir… crear …
    Siempre es un lujo leerte, encontrar por Causalidad tus letras en la pantalla y sentir esa cercanía tan humana. Gracias, infinitas gracias!😉

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  3. gabrielasd dice:

    Gracias. Consuela leer este texto, saber que no solo una anhela tanto algo, y de la forma en que lo describes.
    Mientras lo leía pensaba que ojalá lo lean y alguien piense del mismo modo en mi, desee querer así.
    Gracias de nuevo.

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  4. Erika dice:

    me encanto……..desborda mis emociones….

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  5. Me enganchas. Preciosa adicción. Gracias.

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Ahora te toca a ti.

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